San lunes

Acabo de encontrar por la sala de profesores esta viñeta de Forges, y me he sentido identificado con esta señora. Sí, en contra de lo que algunas voces proclaman a los cuatro vientos, argullendo que los maestros nos pasamos el día tocándonos el higo y esperando a que llegue el siguiente período vacacional, resulta que si eres un maestro como es debido, a veces te sientes pluriempleado y con estrés.

Otro tema muy diferente es aquél maestro que no se gana el sueldo ni de lejos, que haberlos haylos, y a patadas. No es que haya que ser un crac en esto de la docencia, sino que hace falta cariño e interés. Pero cuando escuchas de boca de un maestro algo así como “Yo odio a los niños. Buff, no los soporto…”, es que es para partirle la cara por hijodeputa.

¿El problema? Que como en esta “empresa” no se buscan beneficios económicos,  sino que todos disparamos con pólvora ajena, y la gente quiere cuantos menos problemas mejor, es preferible dejar pasar por alto este tipo de comportamientos y hacer la vista gorda, en lugar de denunciarlo y que alguien de las alturas tenga una pequeña pero clarificadora charla con el implicado.

Eso sí, al que se le ocurra organizar una excursión al campo para ver las plantas in situ, será humillado y lapidado en las cafeterías y lugares de chismorreo por poner en peligro la vida de los alumnos; el que dé un abrazo de consuelo a un crío que se ha caído y está llorando, será denunciado por agresión sexual intimidatoria; el que confisque un teléfono móvil o una navaja, recibirá una paliza de los hermanos y primos del pobre alumno; y el que se esfuerce en su trabajo y se implique un montón, encima recibirá las críticas de los demás.

Vamos, que estoy de lunes…

Albergue de Matute

Cada año por estas fechas suelo reservar un abergue junto con mi cuadrilla de amigos y nos encerramos allí a cal y canto a comer, beber, charlar, jugarnos las “perras” al copo, y también hacer una o dos escapadas al monte a pasear. Este año le tocó al albergue de Matute en La Rioja Alta donde, como siempre, Mateo satisfizo los paladares más exquisitos con su buen hacer gastronómico, al copo ganaron los de costumbre, y alguno sufrió cornadas varias, aunque todas con trayectoria limpia, por lo que a la mañana ya estaban recuperados y listos para la caminata. ¡Qué carajo, a los albergues se va a eso!

Durante algún tipo de enajenación mental (que no se yo si transitoria o no), se me ocurrió plantar la cámara de fotos sobre el trípode, y disparar con el mando a distancia 363 y 236 fotos respectivamente a dos eventos que no podían faltar aquella noche: la cena, y la partida de copo. ¿Que para qué? Pues para hacer mis dos primeras películas stop motion.

Esta mañana he arrancado por primera vez en mi vida el iMovie, y he aquí el resultado del experimento. A ver lo que os parece.

Hay cena, cenita, cena.

¡Copo!

Una Nochevieja diferente

Este año, para celebrar el doblete en las oposiciones, me voy volando con la mejor de las compañías (y me refiero a mi media naranja, no a Airfrance) a pasar la Nochevieja en el quinto pino. Aunque no es lo más lejos que he viajado hasta ahora, ostentando el actual récord la argentina ciudad de El Calafate (que dista de mi pueblo la curiosa cifra de 12.345 kilómetros), tengo preparada una espátula en el bolso de mano para despegarme el culo del asiento, ya que me voy a alejar de casa la friolera de 10.033 kilómetros.

  • ¿A dónde vamos? Al país más poblado del mundo.
  • ¿Qué narices se nos ha perdido a nosotros allí? Pues menos mal que nada, porque a ver quién encuentra algo entre más de mil trescientos millones de habitantes, y peor aún cuando todos son igualitos. Pero durante los próximos catorce días vamos a jartarnos de ver cosas bonitas y curiosas, además de empaparnos todo lo que podamos de aquella cultura tan… ¿milenaria?
  • ¿Vamos a traer regalitos para los amigos? No, no, y no. No aceptamos encargos de nadie. Ni siquiera un relojito de nada. Compraremos, si compramos, lo que nosotros queramos y a quien nosotros queramos.
  • ¿Alli es invierno o verano? Invierno. Aunque  el término invierno, tal  como nosotros lo conocemos, se queda más que corto. Mirando las predicciones del tiempo para la capital del país, hay días de esta semana en los que la máxima está en -16ºC y la mínima en -21ºC. Sí, has leído bien… Menos mal que para entonces ya estaremos en otra ciudad con una temperatura mucho más suave. Pero me parece que aún así vamos a pasar frío de lo lindo.
  • ¿Comeremos este año las uvas? En principio allí no celebran el Año Nuevo el mismo día que nosotros, ya que se basan en el calendario lunisolar. Pero seguramente en el hotel nos sorprenden con una cena especial. Lo que sí que me apetece es probar el perro, y los saltamontes fritos, y todos los “manjares” que mi estómago y mis escrúpulos puedan soportar. Donde fueres, haz lo que vieres, ¿no?
  • ¿Dejo mi castillo abandonado durante los próximos quince días? No, mi cuñado favorito (más que nada porque no tengo otro todavía) va a disfrutar durante esta ausencia de la hospitalidad de mi hogar. Y también de mi frigorífico, y de mi bodega, y de mi proyector de cine, y… Bueno, que si estabas pensando en pasarte por aquí sin pedirme permiso, te vas a encontrar con un guardián de lo más fiero. Yo de ti no lo haría…

Hasta la vuelta. ;-)

Pensar es gratis

Mientras visitaba Prohibido fijar carteles, me ha llamado la atención esta pintada callejera, y no he dudado ni un instante en que iba a ir a parar a mi blog. Tampoco he dudado ni un segundo en qué categoría la iba a incluír.

Luchar contra corriente

El pasado martes se celebró en el colegio donde trabajo el tradicional Festival de Navidad, como en casi toda tierra de pepinos. El evento comenzaba a las 11:00, y hasta veinte minutos antes nunca se abre la puerta al público, porque solamente disponemos de dos horas para montar todo el tinglado, y siempre hay mucho que hacer.

El evento se celebra en el polideportivo municipal y, ni qué decir tiene, uno de los aspectos que más mimamos es la organización, cuidado y comportamiento de los casi seiscientos alumnos que tenemos. Para evitar problemas, porque esos casi siempre dan problemas, tenemos prohibido el acceso a la pista de cualquier miembro ajeno a la comunidad escolar, especialmente los padres (de ambos géneros). Algunos años atrás, ante la penosa situación de tener que discutir cada año con unos cuantos desvergonzados que, haciendo alarde de una inteligencia más bien escasa, se colaban en la pista y no hacían más que estorbar, decidimos pedir la colaboración de la policía municipal para que impidiera el acceso a estos individuos, lo que resultó ser tremendamente eficaz.
Este año, de todos los que he participado en dicho festival, ha sido el más vergonzoso. No había policía municipal, ni creo que hubiera sido necesaria nunca si hubiese un mínimo de sentido común entre los progenitores de mis pupilos. Resulta que, aprovechando la ausencia de agentes del orden, una hora antes de comenar el acto había padres que se habían colado a escondidas por las puertas de servicio, y volvimos a la desagradable situación de tener que despacharlos.  Lo que ya me superó fue encontrarme a un tipejo escondido dentro de un baño y a oscuras. Cuando intenté entrar en dicho baño, empujó la puerta diciendo que estaba ocupado. Cuando un par de minutos después le dije que estaba esperando para entrar, hizo como que se abrochaba la bragueta y salió con el rabo entre las piernas ante mi inquisidora mirada y la del director del colegio. Patético.

El toque final lo dieron los padres que, adelantándose al calendario, simularon ir a las rebajas de El Corte Inglés. Fue abrir las puertas del recinto, y aparecer allí una avalancha de personas (prefiero, por motivos evidentes, evitar otro calificativo más acertado) corriendo y empujándose para sentarse en la primera fila y poder grabar a su querubín desde más cerca, o poder gritarle lo guapo que estaba, o poder estorbar con más ganas, que algunos parece que solo vienen a eso. Aquello sí que fue bochornoso.
Estuve a punto, y me arrepentiré mientras viva de no haberlo hecho, de coger el micrófono y decirles que salieran todos y volvieran a entrar despacio y en orden. ¿Pero cómo cohones quieren que eduquemos a sus hijos, cuando ellos dan tan triste ejemplo de comportamiento? ¿Con qué argumentos les voy a exigir yo a mis alumnos que suban correctamente por las escaleras o que vayan en silencio por los pasillos, cuando en casa ven justamente lo contrario?

No digo que todos los padres sean así, que los hay muy educados y correctos, además de colaboradores. Hay algunos padres que se preocupan por a evolución de sus hijos en el colegio, y procuran mantener una conversación con sus profesores de vez en cuando, para ver cómo entre todos nos podemos ayudar para mejorar su educación, que en el fondo es de lo que se trata: colaboracion. Pero resulta que, encima, los que generalmente te vienen a tocar las narices para quejarse de que su criatura no evoluciona tan favorablemente como los demás, y que le tiene manía el profesor de turno, y que hay que subirle la nota como sea, son precisamente los que dan este tipo de ejemplos a diario.

Si ya lo decía Forges muuuy clarito:

(Esta viñeta de Forges ya había aparecido en .:: Perdonen que no me levante ::.
pero la repito porque ilustra la entrada como ninguna otra)

Feliz solsticio de invierno

Al igual que he visto en otros blog, como Enchufa2 o el blog de Maikelnai, y al fin siendo consecuente con mis pensamientos ateos, voy a pasar olímpicamente de felicitar la Navidad, algo que hacemos más por costumbrismo que por otra cosa, y os voy a desear a todos un Feliz Solsticio de Invierno, en el que también se celebra el triunfo de la luz sobre la oscuridad, pero sin cuentos chinos de por medio.

Realmente ya ha pasado dicho suceso, pues es entre el 20 y el 23 de diciembre cuando en el hemisferio norte tenemos el día más corto del año o, según queramos verlo, la noche más larga. Pero es una ocasión estupenda para, si somos trasnochadores y no discutimos con el cuñado plasta de turno, pasar unas cuantas horas junto a la familia. Y lo de que un niño pobre nació en un portalico, mejor dejarlo de lado… No hay más que darse una vuelta por el Vaticano para ver que eso es otra milonga más. ¡Menuda empresa tienen montada allí, como para que su niño pase frío! Realmente no he tenido tiempo de escribir sobre mi visita a aquél lugar de derroche y opulencia, pero lo haré, porque nadie que visitea Roma y El Vaticano queda indiferente.

En fin, mis mejores deseos para todos, durante este solsticio de invierno, y también durante el resto del año.

Los villancicos

Hoy en día los villancicos son canciones populares que hacen referencia a la época de Navidad de los cristianos, pero no siempre ha sido así. Villancico es un término que proviene de los villanos; no de los malos de las películas, sino de los habitantes de las villas. Antes de denominarse villancicos, recibieron también los nombres de “villancejos” o “villancetes”. Viendo el éxito que estos tenían entre el pueblo, que memorizaba y repetía dichas canciones una y otra vez, la Iglesia no tardó en adaptar los textos introduciendo textos alegóricos a la natividad de Cristo. Más de lo mismo…

Los historiadores coinciden en que la tradición de los villancicos se remonta al siglo XIII, y tuvieron su máximo esplendor en el siglo XV. Originariamente eran canciones en comunidad que nada tenían que ver con la Navidad, sino que eran composiciones poético-musicales de carácter popular. Servían para registrar las costumbres y la vida cotidiana de los pueblos. Entre las conservadas en el Cancionero de Palacio, que es una de las fuentes musicales más antiguas del género, aparecen villancicos con los contenidos más diversos: desde textos amorosos a violentas e irreverentes sátiras, pasando por composiciones que celebran algún destacado acontecimiento, así como también cantos en alabanza de Cristo o la Virgen María.

El compositor más destacado de este período es Juan del Enzina (1468-1530), a quien pertenece la siguiente composición:

HOY COMAMOS Y BEBAMOS

Hoy comamos y bebamos.
Y cantemos y holguemos,
que mañana ayunaremos.

Por honra de san Antruejo
parémonos hoy bien anchos,
embutamos estos panchos,
recalquemos el pellejo.

Que es costumbre de concejo
que todos hoy nos hartemos,
que mañana ayunaremos.

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“Jesus refulsit omnium” (Jesus, luz de todas las naciones) es la canción de Navidad más antigua que se conoce. Data del siglo IV, concretamente del año 368, y se le atribuye a San Hilary de Poitiers. Más tarde, la música navideña cristiana del Medioevo, siguió las tradiciones del “Canto Gregoriano”, mientras que en el Renacimiento italiano, surgió una forma de canciones navideñas más alegres y juguetonas, que son las que se acercan más a los villancicos que hoy conocemos.

En inglés los villancicos son denominados “carols”. La palabra tiene su origen en el francés “caroler”, que significa bailar haciendo un anillo o círculo (similar a nuestra “ronda” o “corro”), con un origen claramente pagano.