Luchar contra corriente

El pasado martes se celebró en el colegio donde trabajo el tradicional Festival de Navidad, como en casi toda tierra de pepinos. El evento comenzaba a las 11:00, y hasta veinte minutos antes nunca se abre la puerta al público, porque solamente disponemos de dos horas para montar todo el tinglado, y siempre hay mucho que hacer.

El evento se celebra en el polideportivo municipal y, ni qué decir tiene, uno de los aspectos que más mimamos es la organización, cuidado y comportamiento de los casi seiscientos alumnos que tenemos. Para evitar problemas, porque esos casi siempre dan problemas, tenemos prohibido el acceso a la pista de cualquier miembro ajeno a la comunidad escolar, especialmente los padres (de ambos géneros). Algunos años atrás, ante la penosa situación de tener que discutir cada año con unos cuantos desvergonzados que, haciendo alarde de una inteligencia más bien escasa, se colaban en la pista y no hacían más que estorbar, decidimos pedir la colaboración de la policía municipal para que impidiera el acceso a estos individuos, lo que resultó ser tremendamente eficaz.
Este año, de todos los que he participado en dicho festival, ha sido el más vergonzoso. No había policía municipal, ni creo que hubiera sido necesaria nunca si hubiese un mínimo de sentido común entre los progenitores de mis pupilos. Resulta que, aprovechando la ausencia de agentes del orden, una hora antes de comenar el acto había padres que se habían colado a escondidas por las puertas de servicio, y volvimos a la desagradable situación de tener que despacharlos.  Lo que ya me superó fue encontrarme a un tipejo escondido dentro de un baño y a oscuras. Cuando intenté entrar en dicho baño, empujó la puerta diciendo que estaba ocupado. Cuando un par de minutos después le dije que estaba esperando para entrar, hizo como que se abrochaba la bragueta y salió con el rabo entre las piernas ante mi inquisidora mirada y la del director del colegio. Patético.

El toque final lo dieron los padres que, adelantándose al calendario, simularon ir a las rebajas de El Corte Inglés. Fue abrir las puertas del recinto, y aparecer allí una avalancha de personas (prefiero, por motivos evidentes, evitar otro calificativo más acertado) corriendo y empujándose para sentarse en la primera fila y poder grabar a su querubín desde más cerca, o poder gritarle lo guapo que estaba, o poder estorbar con más ganas, que algunos parece que solo vienen a eso. Aquello sí que fue bochornoso.
Estuve a punto, y me arrepentiré mientras viva de no haberlo hecho, de coger el micrófono y decirles que salieran todos y volvieran a entrar despacio y en orden. ¿Pero cómo cohones quieren que eduquemos a sus hijos, cuando ellos dan tan triste ejemplo de comportamiento? ¿Con qué argumentos les voy a exigir yo a mis alumnos que suban correctamente por las escaleras o que vayan en silencio por los pasillos, cuando en casa ven justamente lo contrario?

No digo que todos los padres sean así, que los hay muy educados y correctos, además de colaboradores. Hay algunos padres que se preocupan por a evolución de sus hijos en el colegio, y procuran mantener una conversación con sus profesores de vez en cuando, para ver cómo entre todos nos podemos ayudar para mejorar su educación, que en el fondo es de lo que se trata: colaboracion. Pero resulta que, encima, los que generalmente te vienen a tocar las narices para quejarse de que su criatura no evoluciona tan favorablemente como los demás, y que le tiene manía el profesor de turno, y que hay que subirle la nota como sea, son precisamente los que dan este tipo de ejemplos a diario.

Si ya lo decía Forges muuuy clarito:

(Esta viñeta de Forges ya había aparecido en .:: Perdonen que no me levante ::.
pero la repito porque ilustra la entrada como ninguna otra)


Hay 3 comentarios

Doctor Mapache comentó el Jueves, 21 de enero de 2010 a las 16:22:

¿Y sabe lo malo de todo? Qué se les llama la atención y luego tú eres el malo de la película… hasta los eggs estoy de niños pestosos con padres con síndrome de Peter Pan.

Claro que ahora nunca abronco al nió, abronco directamente al padre y en voz muy alta, ventajas de que le sude a uno el que dirán.

Y sí, yo les hubiera echado con cajas destempladas para que volvieran a entrar en orden, pero claro, eso lo hago yo que si se quejan a mi jefe les mando a tomar por culo a todos.

Es lo que tiene ser una especie semisalvaje. ;-)

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Alvarodelcastillo comentó el Domingo, 24 de enero de 2010 a las 21:08:

Generalmente, lo padres que son tan estúpidos como para permitir a sus hijos ese tipo de conductas, son lo suficientmente gilipollas como para, en lugar de asumir su culpa y avergonzarse, enfrentarse al osado que les reprenda, tanto a ellos como a sus hijos.

Hasta los güevos estoy yo también de ver a niños toquiteándolo todo en los comercios, mientras los dependientes no saben muy bien cómo actuar, y sus padres se hacen los suecos, con bigote largo y rubio incluído. Vergonzoso…

Respecto a lo de haberlos echado, ya le digo que me arrepentiré mientras viva.
El problema es que en mi entorno de trabajo, lo mejor es pasar desapercibido, tanto por lo malo como por lo bueno. Si le entras por el ojo izquierdo al subnormal de turno, es capaz de hacerte la vida imposible solamente porque sí. No le digo nada del tema de mi ateísmo. Que no es que me avergüenze de ello, ni mucho menos. Pero si llega a los oídos de algún individuo con un coeficiente mental demasiado bajo, le puede dar por pensar que tiene al mismísimo anticristo dando clase a sus churumbeles. Y, claro, se puede liar parda…

Es lo que tiene no haberme hecho una web anoónima, con un seudónimo en condiciones.
¡Cuántas veces me arrepentiré de ello!
Aunque nunca es tarde… :roll:

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Doctor Mapache comentó el Lunes, 25 de enero de 2010 a las 14:01:

@Alvarodelcastillo: Sabe usted que por el módico precio de un bocadillo de calamares y una coca cola (o dos) ejerzo el papel de Herodes, Pilatos y Torquemada si fuera menester.

Y además puedo hacer que parezca un accidente.

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