Cuéntame un cuento
Como todo el mundo debiera saber (si, debiera, y no debiera de) el pasado jueves, como cada 23 de abril, se celebró el Día del libro, en conmemoración de la fecha en que murieron tres grandes escritores: Miguel de Cervantes, William Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega. Tradicionalmente, los tres murieron el 23 de abril del año 1616, aunque realmente no fuese en el mismo día, debido a que la fecha de Shakespeare corresponde al calendario juliano, que sería el 3 de mayo del calendario gregoriano y que Cervantes falleció el 22, siendo enterrado el 23.
En el colegio, como es lógico, lo celebramos como cada año con un montón de actividades relacionadas con los libros y la lectura. Hubo sorteos de libros, jornada de puertas abiertas en la biblioteca del cole (sí, esa gran desconocida que hay en todos los colegios y que se suele visitar menos que la web de Tamara Seisdedos, reparto y taller de marcapáginas, y alguna otra cosilla que seguramente se me escapa.
Pero, ante mi sorpresa, nadie se ofreció para contar un cuento a los niños. Queremos que sean unos grandes artistas y dibujen unos marcapáginas chulísimos, que lean un montón de libros para subir puestos en el ranking del ávido lector de cada clase, que tengan una biblioteca generosamente dotada aunque la mitad de los libros estén sin leer, y… ¡Nadie les cuenta un cuento a los niños!
Un problema tan grave no podía quedar sin solución, de modo que llegué a un acuerdo conmigo mismo, en función de único representante del Departamento de Música del colegio: A lo largo de esta semana me dedicaría a contar cuentos a los chavales.
Y así lo he venido haciendo, hasta esta mañana a las 10:40 de la mañana, que terminaba la ronda por las 23 clases a las que imparto docencia.
El cuento que he elegido para leer es “El hombre del saco” de Jose M. Jové, con ilustraciones de Tha, al que he añadido cinco fragmentos musicales que concuerdan sorprendentemente bien con el argumento, y que ayudan a crear el ambiente adecuado en cada momento de la trama. Se trata de hacer ver a los niños cómo la música es capaz de transmitir sensaciones y emociones igual o mejor que una imagen o una narración.
A ver si les entra en la cabezota de una vez, que la música es un lenguaje.
A todos, mayores y pequeños, les ha fascinado el cuento, pero todos también han coincidido en que ya nadie les cuenta cuentos.
¿A dónde pretendemos llegar? ¿Qué esperamos de una sociedad en la que nadie tiene tiempo para contarle un cuento a un niño?
Les llenamos a nuestros hijos la habitación de televisores, reproductores de deuvedé, ordenadores, videoconsolas, y todos los caprichos del mundo mundial, para compensarles por el poco tiempo que pasamos con ellos por culpa del trabajo y es estrés, y no hacemos sino aislarlos más.
¡Con lo fácil que sería contarles un cuento! ¡Y cuánto más felices les haríamos!

Hoy, en plan “cabronazo”, he repartido esta lámina de Forges a los alumnos, y les he sugerido que exijan a sus padres que les cuenten cuentos, ya que tienen pleno derecho a ello, según reza la…
Declaración Universal del Derecho del niño a escuchar cuentos.
- Todo niño, sin distinción de raza, idioma o religión, tiene el derecho a escuchar los más hermosos cuentos de la tradición oral de los pueblos, especialmente aquellos que estimulen su imaginación y su capacidad crítica.
- Todo niño tiene pleno derecho a exigir que sus padres les cuenten cuentos a cualquier hora del día. Aquellos padres que sean sorprendidos negándose a contar un cuento a un niño, no sólo incurren en un grave delito de omisión culposa sino que se están autocondenando a que su hijo jamás les vuelva a pedir otro cuento.
- Todo niño que por una razón no tenga a nadie que le cuente cuentos, tiene absoluto derecho a pedirle al adulto de su preferencia que se los cuente, siempre y cuando éste demuestre que lo hace con amor y ternura, que es como se cuentan los cuentos.
- Todo niño tiene derecho a escuchar cuentos sentado en las rodillas de sus abuelos. Aquellos niños que tengan vivos a sus cuatro abuelos podrán cederlos a otros niños que por diversas razones no tengan abuelos que les cuenten. Del mismo modo, aquellos abuelos que carezcan de nietos estan en libertad de acudir a escuelas, parques y otros lugares de concentración infantil en donde con entera libertad podrán contar cuantos cuentos quieran.
- Todo niño tiene derecho de gozar en plenitud de las fábulas, mitos y leyendas de la tradición oral de su país. En el caso de los niños americanos estos deben incluir los relatos indígenas, cuentos costumbristas y de toda la literatura oral creada por el pueblo.
- Todo niño tiene derecho de saber quiénes fueron José Martí, Hans Christian Andersen, Gabriel García Marquez y María Elena Walsh. Las personas adultas están en obligación de poner al alcance de los niños todos los libros, cuentos y poesías de estos autores.
- Todo niño tiene derecho a inventar y contar sus propios cuentos así como modificar los ya existentes creando su propia versión. En los casos en los que los niños están muy influenciados por la televisión, los padres están en la obligación de descontaminarlos conduciendo su imaginación por el camino de un buen libro de cuentos infantiles.
- Todo niños tienen derecho a exigir cuentos nuevos. Los adultos están en la obligación de nutrirse permanentemente de nuevos e imaginativos relatos, propios o no, con o sin reyes, largos o cortos,… Lo único obligatorio es que éstos sean hermosos e interesantes.
- Todo niño tiene derecho a pedir que le cuenten un millón de veces el mismo cuento.
- Finalmente, todo niño tiene derecho a crecer acompañado de las aventuras de “Alicia, el Tío Tigre y Tío Conejo”, de aquel burrito llamado Platero, del Gato que tenía unas botas de siete leguas, del Colorín Colorado de los cuentos y del inmortal “Había una vez….”, frase mágica donde las haya, que abre las puertas de la imaginación en la ruta hacia los sueños, que no sólo acompañarán la niñez sino que formarán parte de nuestros conocimientos hasta el fin de los siglos.
Espero que sirva de algo, por el bien de nuestros niños, y de la humanidad…
Esta entrada, como no podía ser de otra manera, tiene que terminar con esa frase que hicieron famosa los Celtas Cortos:

Me parece muy buena la idea que tuviste, y si pudiste llevarla a la práctica con la buena disposición de tus alumnos…, ¡genial!
Con respecto a la viñeta soy bastante pesimista en cuanto a la actitud de ambas partes.
Difícil llevarlo a la práctica si nunca ha habido ganas o disposición y por tanto no se ha generado un hábito en los padres y en los hijos…¡Ojalá me equivoque!
Y no pude evitar reírme con el título de la entrada…:twisted:
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@Name: Lo triste de todo esto es que la viñeta ya se publicó en el diario El País el sábado 18 de abril de 1998. Si entonces ya se echaban en falta los cuentos, no quiero ni pensar cómo estará ahora la cosa…
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