El mejor bocadillo del mundo
Creo que todos debiéramos tener uno de estos, guardado en algún rincón de la memoria para darnos un homenaje de vez en cuando. Así como tenemos un color favorito, o una película favorita, debiéramos tener algo a lo que llamar “El mejor bocadillo del mundo”.
Todo surgió un dia en el que no tenía nada en el frigo para cenar, y tuve que improvisar algo.
Se me ocurrió coger una lata de anchoas y ponerlas todas bien alineaditas a lo largo y ancho del pan (ahora, una vez mejorada la receta, lo hago siempre con pan chapata) que, una vez rebanado y abierto, esperaba convertirse en un estupendo bocadillo. Como lo de tirar el aceite por los desagües está bastante mal visto, y aunque engorda mucho, sabe de muerte, regué aquella formación de sardinas con el aceite de la lata, de manera que el pan quedó húmedo, a la par que seguía crujiente por fuera. Delicioso.
Al otro lado del campo de batalla, en la cara opuesta del pan, corrió exactamente la misma suerte un bote de guindillas en aceite (recomiendo las de la marca “La Legua”). Todas alineadas y bien regadas por el aceite de su bote correspondiente, esperaban algo que mitigara el impacto que iban a sufrir en breve contra las anchoas. Así que decidí, cuchillo en mano, hacerme con unas cuantas lonchas de queso curado (o semicurado, según gustos) y cubrir bien las anchoas. Puestos a recomendar marcas comerciales, para este bocadillo me quedo con el queso curado de “Los Cameros”.
Solo quedaba unir las dos partes del bocadillo con cuidado, y… Y resulta que de la manera más tonta, en una tarde cualquiera, surgió lo que más tarde dí en llamar
“El mejor bocadillo del mundo.”
Si os gusta un poquito el picante, este bocata va a hacer vuestras delicias más de una vez, os lo aseguro. En unas cuantas ocasiones lo he llevado a meriendas de amigos y a todo el mundo le ha encantado. La última vez fué en fiestas de Arnedo, cuando llevé dos chapatas cuadradas de esas enormes con dos botes enteros de guindillas en aceite, seis latas de anchoas, y un cuarto de queso curado. Fué un éxito en el tendido 7.
Mientras se prepara el bocadillo, no está de más pasar una cerveza del frigorífico al congelador, para que esté aún más fresquita. Aunque, por si acaso pican las guindillas más de lo que debieran, yo suelo pasar dos.
¡Buen provecho!

¡¡¡Dios, dios, dios!!! Apuntada queda esta página para futuras referencias. Aunque no hará falta: una cosa así difícilmente se olvida…
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Eso, es difícil de olvidar porque tiene el toque que hace grandes a las buenas recetas: la sencillez. No te quepa duda que yo también me lo apunto, me encanta hacer experimentos “bocatiles”, aunque todavía no he encontrado mi “Santo Grial” como tú, tiempo al tiempo…
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¡Toc, toc!, ¿permiso para entrar?
Bueno, no me resisto a dejar un comentario en esta entrada porque disfruto comiendo y porque me encantan los bocadillos. Al verme quizás nadie lo diría, pero sí.
Creo que nunca se me hubiera ocurrido mezclar las anchoas con las guindillas, realmente es una mezcla…, como diría yo… ¿explosiva?
Todavía no me puedo creer que el queso (¡qué maravilla el queso!), sea capaz de suavizar esos contrastes tan fuertes. Así que este bocadillo tengo que probarlo.
Con esta nueva categoría, se hace la boca agua.
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