Dignidad laboral
Ya era hora de que las cosas cambiaran de rumbo. Algunos sectores laborales, tenemos el riesgo de tener que sufrir contínuas agresiones y vejaciones, ya sean verbales o físicas, en el desarrollo de nuestro trabajo. Y todo porque algunos de los especímenes de más bajo rango dentro de la raza humana, los denominados populacho común, tienen a bien considerarnos como sus esclavos y criados, a quien pueden chillar, perjuriar y ofender, si no cumplimos sus deseos raudos y veloces. Para los gremios de los maestros, médicos y enfermeros, esto es el día a día habitual. Aguantar a la petarda de turno que quiere que cambies las calificaciones de su niño, porque ella lo ha visto estudiar mucho en casa. Escuchar cómo el paciente te insiste en que le recetes tal o cual cosa, que ya sabe él lo que tiene, y otras barbaridades mucho mayores, han venido siendo demasiado frecuentes en los colegios y centros de salud de esta vieja España. Yo mismo, en mis cuatro años de carrera docente, ya he tenido mis más y mis menos con algunas madres impertinenetes, tocapelotas, y maleducadas que, de momento, no han llegado a nada grave ni digno de mencionar. Pero sí se de compañeros que han tenido que aguantar agresiones incluso físicas, por parte de padres que nían dispuestos a partirle la crisma al maestro que le ha castigado a su niño, o que le ha confiscado el móvil, objeto requeteprohibido en las aulas, y susceptible de ser requisado por parte del profesor, si se detecta su presencia dentro del recinto escolar.
Pues nada, no les entra en la cabeza. Y encima, si cumples con tus derechos y obligaciones, corres el riesgo de que te falten al respeto o, mucho peor, te partan la cara. Menos mal que, dentro del escaso raciocinio que a vreces demuestran en algunas de sus sentencias, los señores jueces han comenzado a tratar estas agresiones de personal funcionario (y espero que con los interinos dictaminen igual) como agrresiones a la autoridad. No es que ahora vayamos a ir de chuletas por la vida, pero por lo menos, esperemos que nos dejen hacer nuestro trabajo un poquito mejor. Ya que, generalmente, los padres ayudan más bien poco a la educación de los infantes, por lo menos que no nos entorpezan, ni nos molesten, ni nos toquen los cojones, hablando en plata.
Una mujer es condenada por insultar a un médico, considerado agente de la autoridad por primera vez
Hay tres colectivos de trabajadores, maestros, médicos y enfermeros, que están consiguiendo en los tribunales que cuando alguno de estos profesionales sea agredido o insultado en su puesto de trabajo, sea considerado como un ataque a un agente de la autoridad, para que el castigo sea mayor.
En la provincia de Cáceres ya se han dictado sentencias en ese sentido, en agresiones a maestros y enfermeros; pero hasta hace unos días no se había dictado la primera de este tipo en la que la víctima es un médico. La ha hecho, según ha dado a conocer el Colegio Oficial de Médicos, el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 2 de Plasencia.
«Subnormal»
El hecho enjuiciado ocurrió el 27 de octubre de 2008 en un consultorio médico de Mirabel, una localidad cercana a la capital placentina. Al consultorio acudió una madre con su hijo. Sobre las once menos cuarto de la mañana, cuando el médico ya había visto al muchacho, la madre reclamó al facultativo que le diera un justificante de asistencia para que lo presentara el hijo en el colegio. El médico le dijo que no se lo podía dar al entender que no estaba dentro de sus funciones.
Se inició entonces un intercambio de palabras entre la madre y el doctor que fue subiendo en intensidad, hasta que la mujer llamó al médico «gilipollas y subnormal».
Le insultó delante de otras personas que estaban esperando en la consulta.Varias de ellas han tenido que prestar declaración para aclarar estos hechos.
Pagar las costas
Se trata de la primera vez en que un juez de la provincia considera estos insultos como una falta contra el orden público, recogida en el articulo 634 del Código Penal, que dice así: «Los que faltaren al respeto y consideración debida a la autoridad o sus agentes, o los desobedeciere levemente, cuando ejercen sus funciones, serán castigados con la pena de multa de 10 a 60 días».
La mujer ha sido condenada por cometer una falta de respeto y consideración a agente de la autoridad. Debe pagar las costas del juicio, normalmente un montante económico elevado, así como una multa de 40 euros, que es una cuota mínima debido a que la denunciada no está trabajando en la actualidad.
Vía | Hoy

Me parece lo más correcto del mundo, porque sino ya no sé hasta donde podriamos llegar visto lo visto y los tiempos que se avecinan.
Por otro lado mencionar, aunque no sea del todo igual, la agresión que sufrieron un grupo de periodistas mientras hacian SU TRABAJO, me parece lamentable que en vez de arremeter contra los manifestantes, lo hagan contra los currantes….
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Te refieres a la manifestación de estudiantes en Barcelona contra el Plan Bolonia, ¿no?
Si, otro colectivo que se las trae es el de los periodistas.
Si al final voy a terminar haciéndole caso a Iñaki y poniendo como subtítulo del blog la frase:
“Cada día que amanece, el número de tontos crece”.
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Sí, me refiero a esa misma manifestación. En fin sin comentarios.
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