Adiós, Rufo
Si, ayer fue un día triste. Rufo, nuestro gato, murió con doce años y un día, según su cartilla de nacimiento. Demasiados años para un gato persa.
Hoy nadie nos ha recibido al llegar a casa. Ya no se escucha el tilín tilín de los lapiceros correteando por el suelo. Ya nadie me acariciará la cara mientras le rasco la tripa. No habrá más piruetas mortales en el colchón de la cama. Nadie me acompañará a explorar por los garages en busca de nuevas aventuras. Nunca encontraré a alguien que comparta tan gustosamente conmigo su petisuis, o que sea capaz de hacer lo inimaginable por un plato de nata montada. ¿Quién cuidará del castillo en mi ausencia? ¿Quién protegerá a la princesa?
Lo enterramos por la tarde en un lugar precioso con vistas al valle del Cidacos, a la peña Isasa y a Peñalmonte. Justo enfrente se Santa Eulalia Bajera. Para que no esté solo, descansa al lado de Lana, otra gata que tuvo la familia. Y para que no tenga frío, le metimos en la caja sus dos mantas favoritas.
Si aguza un poco sus impresionantes ojos amarillos, desde aquél lugar privilegiado que elegimos para él nos puede ver cada domingo cuando subimos a casa de mis suegros. Y yo pongo aquí su foto para poder verla cuando quiera, para que siga siendo un pedazito de mi día a día.


Con toda emoción, confirmo lo que ha dicho Álvaro.
Rufo ha sido un buen compañero, un buen amigo, nos ha regalado sus ronroneos, sus miradas profundas, sus caricias… Es increible cómo estos animalitos te dan todo, y no esperan nada a cambio. Ellos no piden, simplemente, dan.
Ha sido un buen gato.
Adiós, Rufo.
Responder
Vaya, lo siento mucho. Se les coge mucho cariño a esos pequeños cabroncetes. Mi perro ya está muy viejito también. Tiene 15 años y medio.
Responder
Gracias.
Y qué razón llevas en lo de cabroncetes…
Responder
Jo lo siento yo también… son tan cariñosos y tan majicos….
Responder
Gracias, Fem.
Cariñoso como Rufo pocos. Cada vez que lo cogías en el regazo, en cuanto le acariciabas la barriga, inmediatamente te acariciaba la cara con las patas. Obviamente no tenía uñas…
Y majico… ¡Ains…! Ese hocico húmedo tan pizpireto…
Responder